Hay muy poco para dar

cuando vencido

abandono tras un sombrero

al mendigo que brota del temor

y allí me subo al primer beso camuflado

que pase a rescatarme

sin mirarle la cara,

al fin…

me desdigo mil veces,

perdido en el espejo,..

rebrotando

sanguíneas sensaciones

que te robe o regalaste.

Cambio mis horas vacías

por un mendrugo de alegría

que la vida, en desatino

escupe a la vera

sombría

de tu ausencia

ricardo